Sostener mentiras afecta tu química cerebral porque activa
la liberación de cortisol (estrés) y noradrenalina,
elevando el ritmo cardíaco y la presión, mientras que la repetición disminuye
la respuesta de la amígdala (emociones/culpa)
y recluta áreas de memoria y control (acetilcolina, glutamato),
creando nuevas redes neuronales que pueden desensibilizarte y generar adicción
al engaño, afectando la objetividad y la creatividad.
Impacto en la química y el sistema nervioso
- Hormonas
del estrés: Mentir aumenta el cortisol (hormona del estrés) y la
noradrenalina, lo que prepara al cuerpo para una amenaza, causando
aceleración cardíaca y tensión.
- Neurotransmisores: Se
activan neurotransmisores como la dopamina (recompensa), glutamato
(planificación) y acetilcolina (memoria/aprendizaje) para construir y
mantener la mentira.
- Desensibilización
emocional: La primera mentira genera culpa (activando la
amígdala), pero con la repetición, la respuesta emocional se reduce,
facilitando mentiras mayores y creando patrones conductuales antisociales.
- Cambios
neuronales: Se crean nuevas conexiones (sinapsis) para los datos
falsos, lo que puede reducir la creatividad y la capacidad de la corteza
prefrontal para procesar la realidad objetivamente.
Efectos a largo plazo
- Aumento
del metabolismo: El cerebro trabaja más para crear y sostener la
mentira, aumentando su metabolismo.
- Pérdida
de objetividad: El cerebro se acostumbra a procesar información
errónea, disminuyendo la creatividad y la capacidad de resolver problemas
de forma realista.
- Riesgo
de adicción: Las redes neuronales implicadas en la mentira pueden
volverse adictivas, similar a otras conductas antisociales.
Sostener mentiras de forma recurrente somete al organismo a
un estado de estrés crónico que altera significativamente la neuroquímica y el
sistema nervioso autónomo:
- Activación
de la Amígdala: Cuando mientes, la amígdala (el centro del miedo
en el cerebro) se activa, enviando señales de alerta. Sin embargo, con la
mentira repetida, la amígdala experimenta una adaptación emocional,
lo que significa que el cerebro se vuelve "insensible" a la
culpa, facilitando mentiras cada vez mayores .
- Sobrecarga
Cognitiva: Mentir requiere un esfuerzo mental mucho mayor que
decir la verdad. El cerebro debe monitorear simultáneamente la verdad, la
mentira y la reacción del interlocutor, lo que agota los recursos de
la corteza prefrontal, afectando la toma de decisiones y el
control emocional.
- Respuesta
al Estrés (Eje HPA): El miedo a ser descubierto mantiene activo
el sistema nervioso simpático, liberando de forma constante cortisol
y adrenalina. Este estado de "lucha o huida" permanente
puede degradar la salud física, provocando ansiedad, fatiga y un sistema
inmunológico debilitado.
- Alteración
de Neurotransmisores: El estrés constante por el engaño puede
reducir los niveles de serotonina y dopamina, lo que se
vincula con un mayor riesgo de depresión, irritabilidad y trastornos del
sueño.
Para mitigar estos efectos, se recomienda practicar la honestidad radical o buscar apoyo en la Asociación Americana de Psicología (APA) para manejar patrones de conducta deshonestos.



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